Beatles – Being for the Benefite of Mr. Kite!
Rainbow – Lady of the Lake
Las leyendas Artúricas no sólo han trascendido las fronteras físicas de la isla británica, sino también las literarias, al convertirse de tradición oral en inspiración de novelas firmadas por prestigiosísimos escritores, y, por supuesto las musicales. Casi en cualquier estilo encontramos referencias a los personajes de la saga, ítem más en uno tan dado a acudir a fuentes fantásticas como el metal.
En este caso, la prodigiosa voz de Dio envuelve en un halo entre enternecido y aterrorizado a una de las más fascinantes actrices en este apasionante drama: la misteriosa Dama del Lago. Qué les puedo decir: es Dio, son Rainbow, es una auténtica maravilla. Imposible de encontrar en otro formato, habrá que contentarse con cerrar los ojos y disfrutar.
The Who – My Generation
Toda una declaración de principios generacional. No querían ser como sus padres, querían ver el mundo de otra manera, vivir de otra forma, que les dejaran expresarse y ser como eran. Preferían morir antes de envejecer, porque envejecer era ser como sus padres. The Who encabezaban a partir de entonces un movimiento que había surgido unos años antes entre cierto sector de la juventud londinense: los mods.
Semilla para futuras revoluciones, este canto al abismo generacional no ha perdido vigencia, sobre todo cuando se comprueba que los rebeldes de esa época ahora se han convertido en todo lo que odiaron. Cosas de la vida, que es muy perra.
Beatles – Lovely Rita
La jocosa manera que tuvo McCartney de vengarse de la agente de tráfico que le había multado sirvió, por un lado, para realizar una divertida descripción de tópicos británicos y, por otro, para alimentar el rumor de la muerte del músico; según decían, representaba el momento en el que se había distraido al volante, con el fatal resultado de todos conocido.
En cualquier caso, haya sido compuesta por McCartney o por su doble, el canadiense William Campbell, ese que luego fundaría los Wings y tendría una tan larga y fructífera carrera musical, estamos ante una de las canciones más sencillas y elegantes del Sgt. Pepper’s, una lección magistral de buen pop.
Ralph McTell – Streets of London
Era el final de los años sesenta; por un lado, el movimiento hippy inspiraba manifestaciones de un naïf insultante acerca del amor y el descubrimiento espiritual, pero por otro, el sueño ya había terminado, y la cara más amarga de la realidad estaba dejándose ver: las drogas empezaban a producir desagradables efectos secundarios, sólo con desearlo no se lograba el cambio, y la acción beligerante se hallaba muy lejana aún de la mente de los ingenuos hijos de papá que realmente habían creído que por obra y gracia de su apertura a nuevas experiencias había llegado el nuevo amanecer.
Ralph McTell, cantautor británico, critica en esta canción a un cierto tipo de juventud autocompasiva que se creía marginada cuando lo tenía todo. De la mano, se los lleva por un paseo por los suburbios londinenses, donde se encontraba, y encuentra, la verdadera marginación.
Herman’s Hermits – No milk today
El repartidor de leche ha pasado de largo: hoy no hace falta. Eso quiere decir que “ella” ya no vive allí. “Ella”, que reinó tras esa puerta, y con la que surgió aquel primer romance.
Las blancas casas de cierta zona londinense, con sus terracitas y su puerta señorial son el escenario para esta pegadiza melodía pop que supondría el último intento de Herman’s Hermits por mantener el estrellato. Pero los tiempos cambiaban, y ya no había sitio para niños buenos que lloraban la pérdida del amor adolescente.
Almudena Eced
Spice Girls – If You Wanna Be My Lover
Eran los 90, una década bastante oscura y gris, sobre todo en comparación con el desparrame visual y acústico de los años precedentes. Los grupos de chicos estaban de moda: perfectos mancebos elegidos con cuidado por expertos en marketing aprendían a bailar y a enamorar a las adolescentes a base de melodías edulcoradas y empalagosas armonías vocales.
Su reflejo a este lado del charco fueron las muy británicas Spice Girls. Sin dejar de ser otro producto discográfico, pensado al milímetro, lograron arrasar en las listas de éxitos de todo el mundo a base de desparpajo, reivindicaciones feministas de poco peso, que también tienen su importancia, y, sobre todo, de convertirse en modelos para niñas desde doce años, para desesperaciónde sus madres que las veían trocar el uniforme del colegio por maquillaje y una cierta agresividad sexual hasta entonces mucho más disimulada. Todo el mundo tenía su favorita. ¿Cuál es la tuya?
Almudena Eced
Beatles – When I’m Sixty Four
La descripción de la vida de una típica pareja de jubilados británticos sirve a McCartney para realizar una nostálgica previsión de su propia madurez. Al parecer la escribió con ocasión del cumpleaños de su propio padre. En cualquier caso, en ella aparece la clásica duda de la juventud: ¿me querrás aunque sea viejo?
Un precioso tema que ha trascendido a la propia edad de su autor, ya cerca de la setentena. Toda una joya.
Simon & Garfunkel – Scarborough Fair
Una bellísima tonada tradicional inglesa, cuyo origen se pierde, como todas las canciones de este tipo, en las costumbres populares, que tuvo su momento de gloriosa resurrección de la mano del dúo Simon & Garfunkel. De las dos partes de que se compone la tonada original, los americanos rescataron sólo la primera, la que correspondería al hombre que pone condiciones para recuperar a su amada, obviando la otra parte, generalmente interpretada por una mujer, en la que ella hace lo propio.
Este tema, incluido en la banda sonora de la película El Graduado, había sido publicada unos años antes, en uno de los escasos momentos de avenencia entre los dos músicos, enemistados casi desde el instituto, pero condenados a trabajar juntos una y otra vez por una industria que sabía que todo lo que tocaban se convertía en oro. Miserias internas de la historia de la música aparte, esta canción es, para quien esto escribe, sencillamente perfecta.
Almudena Eced
Blackmore’s Night – Streets of London
La dulzura vocal de Candice Night, bella compañera del popular guitarrista Ritchie Blackmoore, hacen de “Streets Of London”, en consonancia con el resto del repertorio del inglés en su etapa más folklórica y renacentista, una joya de canción. La guitarra de Ritchie, en perfecta armonía con la voz dulce y femenina de Candice, arropa un tema que interpretado por otros quedaría desnudo, moriría de frío y pasaría prácticamente inadvertido. Escucharlo con los ojos cerrados traslada al oyente a épocas remotas, aquellas en las que la Libertad se servía siempre cruda y se sofocaba a golpes de espada.
Aún así “Streets Of London” es una delicia de composición.





Un circo en la zona Este de Londres acoge a toda una serie de monstruos, acróbatas y animales sabios reunidos para la ocasión en torno a la figgura del famoso Mr. Kite. Con esta excusa, basándose en un viejo pasquín publicitario que ve por azar, John Lennon realiza un experimento sonoro, volviendo de paso majara a su productor George Martin.
Una canción extrañamente pegadiza y con un cierto poder hipnótico, que ha pasado ya a la Historia por presentar el disco “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band “.